1
De minotauros ya no quiere oír más. Tampoco de ícaros y de medusas. Ni de cíclopes. Está harto de zoomitologias que no conducen a nada. ¿Están pasadas de moda o le incomodan? No sabría decirlo. Es uno de los niños-faunos (de los que les conté hace un tiempo), que creció y estudió mucho y hoy ocupa una cátedra como adjunto. ¿Cátedra de qué? De Antropología, naturalmente.
2
De la vaca tuerta nadie se acuerda. Ya ni la ordeñan, de fea que es. Y las ubres se le hinchan e infectan y está rodeada de moscas, con lo cual más la esquivan. Es la vaca que tuvo un hermoso ternero que, cuando se casó el hijo del patrón, carnearon y comieron en la fiesta… (De esa época se le torcieron los ojos).
3
Ha muerto la vaca tuerta .Carbunco. Y antes que se convierta en osamente olorosa, le prenden fuego. Es como inmolar una vida trunca. Al día siguiente, dos toros jóvenes se acercan a las cenizas. Miran sin un solo mugido. Largo rato. Después, se alejan a campo traviesa y alcanzan la misma línea del horizonte…
4
La mujer acusada de comer gatos (¿recuerdan que, por desgracia, terminó viviendo junto al refugio de la Sociedad Protectora de Animales?), está muy enferma. Las malas lenguas dicen que por algo será. Ella niega: es vegetariana de toda la vida y está tranquila. Entretanto su esposo, el veterinario, piensa que al fin, al fin, terminará toda esa historia atroz.
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