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Pequeños o grandes, los holocaustos son similares: sacrificios. Un hombre, mil hombres, la humanidad entera, por qué no. Segundo Fernández, sociólogo de nacimiento, estudia la humanidad desde sus más recónditos meandros. Lo mínimo puede ser enorme. La anécdota perdida, una orientación hacia la posteridad. Segundo Fernández apila tomos y más tomos. Abre nuevas bibliotecas. Organiza congresos de misántropos. Un día, su hermana le sugiere que, de una vez por todas, vaya a estudiar historia.
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Nació en el fatal año de 2008, cuando se lanzó aquello de la aceleración de protones, el enorme anillo subterráneo, los cinco mil científicos y la revolución de las leyes de la física. Fue la época en que quisieron probar la no existencia de Dios y una definitiva tesis de la creación. Sus padres vivían en Ginebra, y se fueron horrorizados Hoy, a treinta años, vuelve a la ciudad donde naciera y en la catedral bautiza un hijo..(La Máquina de Dios nunca funcionó, se generaron otros agujeros negros y todos los científicos murieron).
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