1
Es en la hora del Angelus en que aparecen esos movimientos subterráneos. Por aquí, se levantan pequeñas montañitas de tierra. Alguna flor se inclina, como para ver. Y las hojas que caen se pincelan rápidamente de oros, como preparándose para una fiesta. Algo tintinea en el aire..Y a lo lejos (o cerca, no podría precisarse) Eugene O¨Neill, bajo un olmo centenario, escribe con la convicción que crea un universo para la posteridad.
2
En el crepúsculo de su vida, Marlene Dietrich decide que no repetirá el autoexilio de la Garbo. No es la belleza lo que admiraron de ella, ni su talento escénico, ni su capacidad de amar. Admiraron su vanidad encauzada. Ese es su hechizo. Su vanidad encauzada en un ego digamos moderado. Ya renqueando, con una pierna más corta que la otra, baja del auto y rehúye el brazo de un caballero que la desconoce…
3
Es necesario que recapitulemos: ni tú eres tan grande ni yo soy el último de los mediocres. Ya sé que escribiste más de treinta libros, plantaste más de dos árboles y tuviste tres hijos con madres distintas. Está bien. Yo no alcancé nada de eso..Pero día a día he contemplado todos los crepúsculos de mis cincuenta años. Puedo diferenciar cada uno de ellos,la altura de su atmósfera, el vuelo de sus pájaros.¿No es bastante?,pregunto. Dieciocho mil doscientos cincuenta crepúsculos.
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