1
Los galimatías pueden ser descifrables. Cuestión de no defraudar los sentidos. Si yo digo no voy a morir, no es que me niegue a la muerte, sino más bien, que me resisto a hacerlo ya. Si digo seguiré viviendo, no es que imponga una voluntad, sino muy simplemente que asumo mi ahora. Usted no me entiende porque cada uno tiene su lengua propia y la hace funcionar como puede.Yo pienso en sánscrito y hablo esperanto.
2
Nunca llegaron a entenderse las dos hermanas. Una hablaba siempre en pasado. La otra, en futuro. No sólo los tiempos no conjugaban: también los verbos iban del pretérito imperfecto al pasado pluscuamperfecto. Las palabras de una se superponían a las de la otra, y así lo silábico desaparecía en un torrente indescifrable, gutural. Un día se decidieron y dejaron de hablarse para siempre: sólo se permitieron miradas.
3
Voy a morir por lo que yo no puedo afirmar. Juro, en cambio, que es verdad todo lo que dijeron los otros.
4
Tuvo nueve mujeres y a las nueve les reconoció los hijos. Después, sólo vió a dos o tres nietos: no le importó esa otra progenie de su propio apellido. Uno de ellos, Carlo, le demostró que su vida había sido un largo acto de cinismo. Concibió como quien tira semillas a un surco, sin importarle nada más. El, después de la bofetada, le preguntó cuántos años tenía.Once, respondió mirándolo fijo. Ya eres sabio, remató el abuelo.
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