1
Mi hija cayó de una aerosilla en Saint Moritz. Cuatro mil metros la tragaron y jamás se encontró el cuerpo en la nieve blanca. Mi marido me halló culpable. Mejor dicho: me internó en una clínica psiquiátrica donde –sillas y camas, paredes y guardapolvos- todo es blanco. Como Suzette, mi azucena perdida. (Tragedia sin color).
2
Después de una noche de vigilia, André Gide cierra la carpeta de Los alimentos terrestres. Ultima página de letra apretada, nerviosa. La luz de la mañana lo enceguece. Cierra la cortina. Va a la cocina y, mientras pone el café a calentar, abre una heladera desahuciada, con jarra de agua y dos frascos de mermelada vacíos, dentro.
3
Sólo están protegidos por sus sombras. En la trinchera, en la oscuridad surcada por el fogonazo de los proyectiles, en la vigilia que no da tregua, sólo están protegidos por sus propias sombras. El coronel asume que todo se ha perdido, pero no recapitularán. Un soldado intenta correr. El propio coronel lo ultima. En el silencio profundo, un herido calma su dolor escuchando in pectore la Norma de Puccini. Sueña que su orquesta se oye más sublime que nunca. A poco, expira entre aplausos.
4
Lo han dejado solo y no se da cuenta que el escenario es un carromato sin telón de fondo.
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